El comunicador y experto en analizar temas de niñas, niños y adolescentes, Edgar Dávila, afirmó que uno de los mecanismos para aislar a nuestros infantes de situaciones de riesgo es la autoprotección.
En ese sentido explicó, primero, que la autoprotección es la manera de cómo niñas y niños responden asertivamente a situaciones de riesgo. Es decir, conociendo y comprendiendo cada una de estas situaciones.
Luego se debe identificar, junto a nuestras hijas e hijos, los riesgos de violencias en nuestro entorno. “Luego, trabajamos en equipo, para reducir esos riesgos a través de acciones concretas, con el fin de crear ambientes seguros ante cualquier forma de violencia contra ellas y ellos”, afirmó en la entrevista que concedio a Liderazgo de Mujer.
Explicó que en la actualidad niñas y niños se encuentran en riesgo de maltrato, abuso y violencia por su edad, su género, su grupo étnico, su condición física y su condición social. “Por esta razón, es imperioso el hecho de que podamos trabajar en su autoprotección, sobre todo, madres, padres y cuidadores, que son responsables de su desarrollo. Quienes están en la posibilidad y obligación de reducir los riesgos”, acotó.
“Entonces, la autoprotección de niñas y niños, frente a cualquier tipo de violencia, mitiga y reduce el riesgo. Ojo, no significa que el responsable exclusivo de su cuidado sea el infante y tampoco exime a los adultos de ese cuidado”, explicó.
Pero, al abordar la autoprotección con niñas y niños, se debe tomar en cuenta cuántos años tienen y a qué riesgos se enfrentan desde su vida cotidiana (se quedan en casa solos, están acompañándonos a lugares públicos, se quedan con alguien de la familia, etcétera).
Por ello, dijo, la comunicación es un aspecto muy importante, porque a través de la relación que se vaya creando, existirá una confianza sólida, para asegurar un vínculo fuerte con ellas y ellos. De esa manera, sabremos de sus preocupaciones, miedos y también alegrías.
“Es necesario hablar de sus derechos y de sus obligaciones, de identificar que las muestras de cariño y afecto no deben confundirse con toques en sus partes íntimas (si alguien de la familia empieza a tocarles, ellas y ellos tienen que saber que está mal, que no es una muestra de cariño y que no deben callar). El cuerpo es un territorio privado, que se tiene que amar, respetar y proteger. Eso significa enseñarles a poner límites y saber siempre cómo se siente”, afirmó.
Ante ese panorama insistió en la necesidad de trabajar por una comunicación asertiva (tipo de comunicación nos permite dialogar con calma y respeto, expresando lo que queremos decir, pero sin herir los sentimientos de las otras personas), que permita conversar sobre cómo se sienten, sobre sus miedos y frustraciones, representa la mejor manera de crear ese ambiente de confianza.
“De esta manera, desarrollamos destrezas para la vida, eso significa que gestionamos las emociones, generamos empatía (nos ponemos en su lugar), dialogamos, les enseñamos a decir NO y construimos personas que pueden establecer relaciones interpersonales sólidas”, explicó.
Además de recordar que como adultos nos convertimos en el espejo donde se refleja la niña y el niño. Entonces, tenemos que ser consecuentes y aprender a manejar nuestras emociones y también controlar nuestra ira.
Cuentos, dibujos o juegos
Aconsejó que para trabajar la autoprotección, sirven los cuentos e historias (a quién no se le ocurre bonitas historias donde los personajes son los muñecos y las personas que conocen nuestras hijas e hijos), porque a través de ellas se podrán graficar peligros y maneras de prevenirlas.
También sirven los dibujos para mostrar, de manera ilustrativa, estos riesgos e identificarlos (es vital que salgamos de esos mitos que muestran a los perpetradores como monstruos y personas malas, hay que recordar que 60% de ellos y ellas pertenecen al círculo de la niña y niño. Eso significa que quienes ella o él ama o quiere son sus perpetradores).
Son útiles los juegos donde insistimos en las formas de cómo reaccionar y actuar frente a situaciones de riesgo de violencias. El juego puede estar ligado a las simulaciones de casos extremos, así, incluso, madres, padres y cuidadores también aprenden.
“Como siempre, esto constituye un grano de arena que ayude a quienes nos leen, y sobre todo a quienes están interesadas e interesados, a mejorar el cuidado de niñas y niños frente a cualquier tipo de violencia, porque sabemos que la prevención es una gran inversión”, acotó.
Crédito foto: Liderazgo de Mujer


