El director de la Escuela de Padres, Gustavo Mejía, fue tácito al afirmar que los Jueces de Familia, Niñez y Adolescencia son cómplices de la violencia porque los equipos interdisciplinarios con los que cuentan no son capaces de detectarla.
Es importante decir que los Jueces de Familia, Niñez y Adolescencia, tienen que tomar en cuenta que tienen equipos multidisciplinarios para poder detectar que alguien está queriendo tomar venganza de alguna frustración emocional producto de su matrimonio a través de procesos judiciales y ellos terminan siendo cómplices de la violencia que existe dentro de los hogares”, dijo en la entrevista con Liderazgo de Mujer.
Mejía, experto en temas de violencia y rehabilitación sostuvo que estas autoridades por su inobservancia al aplicar la norma son cómplices para que hijos, mujeres y muchos varones sean víctimas.
Cuestionó el accionar de los operadores de justicia al igual que de los abogados, que en su criterio están formados para hacer daño al prójimo y buscar justicia. “En nuestra realidad los Jueces son inobservantes y permiten cualquier estupidez jurídica”.
En contraposición a lo que hacen las autoridades destacó el trabajo que realiza Escuela de Padres con agresores, en la mayoría de los casos, y afirmó que en la actualidad la institución que dirige cuenta “con el mejor programa de rehabilitación de víctimas”.
Es importante para ello, dijo, identificar a los niveles de violencia para no ingresar en aquellos círculos violentos sino salir de ellos y buscar la libertad y la búsqueda del empoderamiento, que en su criterio significa “mujer ligada a la autodeterminación, a partir de no permitir que a uno le levanten la voz”.
“Por eso es necesario identificar el origen de la violencia, que muchas veces se da a partir de que te levantan la voz, luego un golpe, posteriormente una paliza, o puede ser una agresión sexual, y termine con el feminicidio”, sostuvo.
En su criterio es importante, por eso, es necesario entender el mensaje de la violencia para establecer programas de rehabilitación que ayuden a la persona aprender a conocerse y entiendan que con quienes trata son personas.
Los elevados índices de violencia en Bolivia obligan para contar con mecanismos y programas que pongan freno a este flagelo que no cesa en nuestro país. Uno de esos programas es el que despliega la Escuela de Padres una institución privada que trabaja con la rehabilitación de agresores y víctimas de violencia.


