Mujeres que en su momento sufrieron violencia y tuvieron la capacidad de salir de ese círculo, con el paso de los años se convirtieron en Promotoras Comunitarias, capacitadas en base a su experiencia y ahora listas para atender y orientar a quienes sufre maltrato, en especial si tienen algún tipo de discapacidad.
Así lo expuso la directora ejecutiva del Centro de Promoción de la Mujer Gregoria Apaza, Carla Gutiérrez, quien junto con la asesora legal de la institución Gabriela Prudencio, destacaron el trabajo que realizan estas mujeres que lo hacen de forma adhonoren y tienen la voluntad de lograr que otras mujeres no caigan en ese círculo de violencia.
«Las promotoras comunitarias que forma la institución son capaces de hacer procesos de contención en la etapa primaria antes de hacer la denuncia por violencia y apoyar a otras mujeres para hacer una denuncia”, dijo Gutiérrez en la entrevista con Liderazgo de Mujer.
Esta labor viene de un anterior programa, de hace 20 años, donde se las denominaba difusoras de derechos, dedicadas a difundir los alcances de la normativa que protege a las mujeres, mencionó.
Instituciones cono la Universidad Católica San Plablo, HI apoyaron el trabajo realizado y entender sobre lo que se habla, sea con contenido de género o de discapacidad, afirmó.
Al ser reconocido el trabajo de las Promotoras Comunitarias por la Ley 348, éstas cuentan con la competencia de acompañar a las mujeres en los casos con enfoque de inclusión, indicó.
“Nos enfocamos en la población con discapacidad o cuidadoras de este sector vulnerable porque en muchos casos donde una sufre violencia está imposibilitada en hacer su denuncia”, dijo al mencionar que es ahí es donde participan las Promotoras Comunitarias y toda la experiencia construida ha sido sistematizada sirvió para la elaboración de las guías y manuales.
Para Prudencio, es importante el proceso de contención que realizan estas mujeres a víctimas con discapacidad que sufren doble vulneración de sus derechos.
Precisó que al estar reconocidas por la normativa sus intervenciones tienen valor legal y eso facilita para que se visualicen este tipo de casos.
En El Alto
El Alto es el centro de la actividad de las Promotoras Comunitarias que en la actualidad cumplen su labor en los SLIM de los distritos 3 y 5, además del Centro Gregoria Apaza, donde realizan el seguimiento a cada uno de los casos que ellas han gestionado y ayudado a denunciar, dijo Gutiérrez.
En cuanto a los manuales y guías. Indicó que éstos se encuentran a disposición de otros municipios interesados en ejecutar este tipo de programas, en procura de prevenir los casos de violencia de género contra mujeres, niños, niñas y adolescentes, y de forma especial a mujeres con capacidades diferentes, por eso, el programa se plasma en guías con enfoque de inclusión.
Destacó que en este último tiempo jóvenes mujeres quieren colaborar a otras mujeres motivadas por la experiencia del trabajo de las Promotoras Comunitarias.
Manual
Explico que el manual tiene como contenido, la contención: que apunta al reconocimiento que hace la mujer víctima de violencia y pide ayuda para iniciar el proceso. «Este paso es importante», dijo.
Luego está el conocimiento de las normas y derechos que protegen a las mujeres; detectar cuál de ellos es el que vulnera sus derechos y generar soluciones en base a la normativa.
El tercer elemento del manual, es el enfoque de inclusión destinadas a las personas con discapacidad, a futuro se piensa en otros grupos como los colectivos LGBTI o adultas mayores, acotó.
Foto: Liderazgo de Mujer


