Por Gonzalo Pérez Bejar*
Hoy me fui a despedir de quien fue mi compañero de trabajo y un excelente amigo, Martín Alipaz, nuestro querido Negrito.
Ver su rostro por última vez hizo que mi ser se estremeciera de emoción y de pronto se me vinieron tantos recuerdos y momentos que compartimos, desde aquellos días que fuimos compañeros en la Agencia de Noticias Jatha.
Donde empecé a vivir con pasión el periodismo y ver cómo Martín junto al equipo de fotógrafos como David Mercado y Riky Rogers se destacaron en un momento de gran importancia para el ejercicio periodístico.
Se me olvidaron las veces que fuimos de viaje o estuvimos en cierta cobertura. Pero en todas las veces había que ver el compromiso que tenía con el trabajo sin dejar a azar lo que debía hacer. Gracias a ese su empeño lo hirieron en el pómulo izquierdo, fruto de una granada de gas que le llegó en una cobertura que hizo.
No era de las personas que se conformaba con lo que tenía, siempre buscaba el mejor ángulo y con el tiempo se lo vio más experto en saber el momento preciso para activar el disparador y capturar la menor toma.
Por su puesto, que muchas de sus fotos fueron parte de la vida noticiosa que marcó la coyuntura nacional.
Después de la aventura de Jatha los encuentros eran esporádicos, pero siempre en cobertura sea cual fuere la coyuntura, y jamás olvidaré su saludo cordial: “¡Cómo es ratoncito!”, y la inmediata media sonrisa que dibujaba en su rostro para entrar en conversación.
Otro de los episodios que se me vienen a la mente es cuando estuvimos juntos y compartimos el jeep de David Mercado cuando nos sacaron con escolta militar junto a una decena de buses de transporte interdepartamental, durante las fatídicas jornadas de octubre de 2003 y experimentamos lo que es el levantamiento de un pueblo que no se ridió en sus objetivos.
Creo que uno de los últimos encuentros fue en el Mercado Satélite, a pocas cuadras de donde vivía y solo fue el saludo y la despedida, de ahí hasta enterarme que se encontraba muy delicado de salud y ayer desafortunadamente saber de su partida.
El periodismo y la fotografía periodística pierde a un gran valor y un excelente profesional, de quien las nuevas generaciones deben tomar su ejemplo y ser buenas personas, lo que muy pocos podemos lograrlo.
El dolor es inmenso, porque pierdo a otro gran colega y compañero de trabajo, del cual no podré olvidar y siempre lo llevaré en el cerebro.
Con mucho cariño querido Martín, solo hasta luego porque muy pronto nos encontraremos.
* Periodista
Foto: Página Siete


