Bajo el título de “Poniéndole un alto a las violencias; Mujeres adolescentes frente a la violencia física, psicológica y sexual”, el comunicador, investigador y profesor universitario Édgar Dávila Navarro* presenta un último trabajo de investigación que contiene información importante y para tomar en cuenta sobre la situación de violencia que existe en nuestro país.
Este trabajo además cuenta con información estadística y testimonial de personas que el algún momento sufrieron violencia o reciben mensajes violentos.
A continuación, Liderazgo de Mujer presenta este material que considera importante para su consignación y estudio.
“Cuando me llegan mensajes violentos, no los vuelvo a compartir, no los repito y evito darles mucha importancia”, menciona, con entusiasmo, Noemí que tiene 14 años y que vive en el oriente boliviano.
Violencias contra mujeres adolescentes
En septiembre, la Fiscalía Especializada en Delitos en Razón de Género y Juvenil informó que desde el 1 de enero hasta el 31 de agosto de 2022 se registraron 33.453 casos de violencia. De éstos, tienen mayor prevalencia los delitos en violencia familiar o doméstica (25.959 casos); luego se encuentran el abuso sexual (2.240 casos), la violación a Niña, Niño o Adolescente (1.833 casos), la violación a mujeres (1.884 casos) y el estupro (1.076 casos). Estos datos revelan un aumento del 11,05% de casos en comparación al año pasado, en el mismo período de registro.

Datos sobre violencia de la Fiscalía General del Estado.
Los datos refieren cómo la violencia contra adolescentes mujeres creció exponencialmente; sin embargo, paralelamente, se desarrollaron mecanismos que intentan controlar esta problemática que afecta a la sociedad en su conjunto. “Muchas veces, la violencia hacia nosotras se vuelve algo muy normal. En las comunidades, desde niñas te violentan, de jóvenes es igual y cuando eres mayor es lo mismo; incluso, ves cómo dañan a tu Mamá, en la casa y en la comunidad”, ratifica Elena, quien cumplió 17 años y creció en el Altiplano.
Bolivia posee una población joven de 16 a 28 años de edad, según proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) al 2020. Llega, aproximadamente, a 2.647.000 habitantes y representan el 23,4% del total de personas en el país. De esta cantidad, 50,8% son hombres; y 49,2%, mujeres. 71,1% vive en el área urbana; y 28,9%, en el área rural. De esta población, 6 de cada 10 mujeres adolescentes sufrió algún tipo de violencia este año, según la Fiscalía General del Estado.
Danitza, asegura con confianza, “te dicen y te hacen creer que ser mujer es difícil y que estás en desventaja; pero, está en nuestras manos cambiar esa situación. Yo creo que, cambiando a la mujer, podemos vencer a la violencia”. Por otro lado, para el psicólogo y pedagogo juvenil, Antonio García, las poblaciones femeninas le hacen frente, efectivamente, a todas las formas de violencia. Ellas desarrollan criterios de análisis que les permite discernir si es bueno continuar con ese ciclo violento o romperlo, en comparación con los hombres.
Historias adolescentes de violencias, sentires, sororidad y emancipación
“Soy Noemí, tengo 14 años y vivo en el oriente. Estoy acostumbrada a recibir todo tipo de materiales violentos, ya sea por el teléfono celular o por mensajes y también por cosas que te dicen. A un principio no entendía, eso de las provocaciones, las propuestas y las insinuaciones. Desde mis 11 años, le hago frente a la violencia. Al principio dolía, la vivía sola y hasta me deprimía. Luego, me di cuenta, con mis amigas, lo mucho que valíamos y que nadie nos podía hacer daño. La profe Miriam nos ayudó a formamos como club y ahora somos un grupo grande. Somos invencibles y, ahora, me crecieron las alas. Siento que ya nadie me puede detener”.
“Mi nombre es Elena, tengo 17 años. Me hice lideresa hace 2 años. Puedo decir que eso me cambió mi vida. He sufrido todas las violencias y no quiero que ninguna de mis compañeras pase por eso. Una prima me hizo despertar, he estado como en un sueño siempre y era como si me hubiera extraviado mucho tiempo. Ella me ha llevado y me ha gustado (a un grupo de liderazgo femenino). He encontrado el mejor lugar para hablar y ser comprendida. He tenido temor, pena y culpabilidad. Hablar me ha ayudado. Desde ese tiempo, he participado activamente como lideresa y lucho contra las violencias, porque no quiero que nadie pase por lo mismo. Hasta a mi Mamá le he salvado, hemos tenido que renunciar a Papá, mucho tomaba”.
“Me llamo Danitza, voy a cumplir 15 años y quiero celebrar de forma especial, con mi familia. Creo que la violencia está presente a lo largo de nuestras vidas y, por eso, no hay que tenerle miedo. A mí, me daba mucho miedo, hasta hablar, no podía hablar en público, solo con las amigas hablábamos. En la casa, también difícil era. En la escuela, los hombres no nos dejan hablar y vergüenza nos daba. Poco a poco, viendo a mi Mamá me he animado siempre. He vencido a ese miedo; por eso, todo podemos vencer siempre. Ahora, hasta a la autoridad paro. He asistido a cursos para saber sobre la violencia, defenderme y denunciar”.
Para García, especialista en pedagogía juvenil, el campo de las emociones es un espacio que debe seguirse indagando, porque es determinante a la hora de manejar la violencia. Las habilidades emocionales pueden ser utilizadas como herramientas de prevención, como alternativas que permitan anteceder las condiciones de maltrato. Esto significa que los afectos, los sentires y las emociones de mujeres adolescentes forjan sus destinos y transforman sus vidas.
Violencias por ser mujeres y por ser adolescentes
Referirnos a las violencias en plural tiene sentido por la clasificación que realizó Pinheiro en 2010, a través del Informe Mundial sobre la Violencia contra Niñas, Niños y Adolescentes. Nos ayuda a identificar y a agrupar los tres tipos de violencia más recurrentes que se ejercen contra mujeres adolescentes:
• Violencia Física es el daño físico intencional provocado en el cuerpo de una adolescente por una persona adulta. Éste incluye sacudidas, pellizcos, asfixias, golpes, jaloneos, bofetadas, patadas, quemaduras y otros.
• Violencia Psicológica es el daño a través de palabras o actitudes que amenazan, humillan o lastiman los sentimientos de adolescentes, afectando su desarrollo integral. Incluye negar tiempo de apego y juego, no dar ni demostrar cariño, avergonzar, poner apodos, atemorizar, desmotivar, comparar, estigmatizar a adolescentes en situación de discapacidad o presenciar actos violentos dentro de la familia.
• Violencia Sexual es el abuso que realiza una persona adulta mujer u hombre, para obtener placer sexual involucrando a una adolescente en estas acciones, en las que puede o no haber penetración. Por ejemplo, hacer que una adolescente participe en una actividad sexual, mostrándole imágenes sexuales o tomándole imágenes sexuales, haciéndole tocar sus genitales o tocándole. Puede hacerlo a través del uso de la fuerza, del poder, engaño, chantajes o amenazas.
Estas violencias impactan más a niñas y mujeres adolescentes, como indagó DNIBolivia, en 2021. Esta organización realizó un monitoreo a las noticias sobre violencia en los principales medios escritos del país. Los datos, publicados este año, son referenciales y muestran que se identificaron 318 noticias con 399 víctimas que sufrieron diferentes situaciones de violencia, de las cuales:
• 136 fueron niñas (34,1%).
• 118 niños (29,6%).
• 129 adolescentes mujeres (32,3%).
• 16 adolescentes varones (4,0%).
En los doce meses que duró el monitoreo, el departamento con mayor número de víctimas de violencia hacia la niñez y adolescencia fue La Paz con 100 víctimas (25,1%). Le siguen Oruro con 99 (24,8%), Cochabamba con 61 (15,3%), Santa Cruz con 43 (10,8%), Potosí con 43 (10,8%), Tarija con 33 (8,3%), Chuquisaca con 13 (3,3%), Beni con 5 (1,3%) y Pando con 2 víctimas (0,5%).

“Cuando me violaron, tenía 12 años y no he podido distinguir el cariño que me daban del abuso. No he sabido diferenciar entre el amor de familia con la violencia sexual. Ahora, que estoy despierta, sé que nosotras mismas nos podemos proteger”, Elena de 17 años. Definitivamente, los tipos de violencia están determinados por la edad y el género de las víctimas. Niñas y adolescentes mujeres sufren más violencia sexual comparativamente a niños y adolescentes hombres; quienes sufren, en mayor porcentaje, de violencia física y psicológica.
Autoprotección
La autoprotección contra las violencias es el conjunto de acciones dirigidas a prevenir y controlar los riesgos de maltrato y abuso, con el afán de responder adecuadamente a las situaciones de peligro y garantizar los derechos de mujeres adolescentes.
Al respecto, Danitza anota: “Estoy segura que podemos ponerle un alto a la violencia, ponerle un granito de arena que puede ser reproducida por todas nosotras y construir una barrera efectiva, involucrando a niños y hombres”. Un ámbito necesario de explorar es la visión de las violencias que poseen las adolescentes, y cómo éstas las manejan emocionalmente, para prevenirlas desde su vida cotidiana.
Finalmente, Noemí insiste: “Cuando me llegan mensajes violentos, no los vuelvo a compartir, no los repito y evito darles mucha importancia”. Entonces, se puede confirmar que existe una capacidad innata de las mujeres adolescentes de crear mecanismos de autoprotección frente a los mensajes violentos. Esta competencia crítica, frente a los medios y a su entorno, se desarrolla por su madurez y por su experiencia en situaciones violentas que enfrentan desde niñas.
Podemos anotar que existe mayor madurez mental y emocional en adolescentes mujeres. Eso significa que ellas son capaces de aceptar críticas, de dialogar, de tolerar, de poner límites y, sobre todo, de autocontrolar sus actos. Así lo ratifica el Dr. García:
“Una persona madura, emocionalmente, es capaz de expresar sus emociones de manera responsable, controlar sus sentimientos y desarrollar una autocrítica permanente, con el afán de mejorar como persona”.
Corroboramos que el camino de Noemí, Danitza y Elena se entrecruzó en esos trayectos violentos que les tocó vivir. Existen 1 millón 300 mil de mujeres adolescentes en el país que, potencialmente, pueden narrar otro episodio triste. Sin embargo, promoviendo la autoprotección en cada una de ellas, podemos ponerle punto final a estas historias y empezar a contar nuevos cuentos, con finales más esperanzadores.
* Comunicador Social, Investigador y Profesor Universitario
Fotos: Édgar Dávila Navarro, Fiscalía General del Estado y DNI


