Primera Parte
La pregunta del millón, ¿somos conscientes de la importancia del rol que desempeñamos en el desarrollo de nuestros hijos?. Al respecto es necesario reconocer que la educación y la disciplina son un recorrido alegre, frustrante, estimulante y agotador, como lo plantea Joan Durrant (2013).
“Él afirma algo muy cierto: muchas veces, nos pasó que no supimos qué hacer en cierto momento de la crianza de nuestros hijos; o que hicimos cosas incorrectas. Es evidente que aprendemos a educar y a criar en la práctica, confiamos en nuestra experiencia y en nuestros instintos. Sin embargo, a veces, estas experiencias son violentas y nos convertimos, sin querer, en reproductores de violencia”, escribe el magister en comunicación, investigador y profesor universitario Édgar Dávila*.
Como consecuencia de los casos de violencia ejercidos contra los infantes urge la necesidad de reflexionar y conversar sobre la forma en cómo se pueden construir procesos de educación basados en el amor, a través de la comunicación.
En el artículo Dávila sostiene: “Comenzaremos abordando el conflicto entre cuidado y violencia contra niñas, niños y adolescentes. Luego, me referiré a la educación con amor y la apuesta por la disciplina positiva; y, finalmente, subrayaré la importancia de la comunicación, como una estrategia a seguir. Me voy a concentrar en la última parte, porque le da sentido a este artículo.
Cuidado vs violencia
Al respecto, el cuidado es una corresponsabilidad que nos involucra, significa crear un ambiente favorable para el bienestar y el desarrollo integral de niñas, niños y adolescentes, porque están en una situación de dependencia. Exige un trabajo físico y emocional, que son difíciles, y el único reconocimiento que se recibe es simbólico. Por lo tanto, es una gran responsabilidad, permanente y está presente a lo largo de toda nuestra vida, afirma.
“La violencia es un problema social que toca las puertas de más hogares; cada día, somos testigos de cómo aumenta el maltrato contra niñas, niños y adolescentes. El 60% de las violencias ocurren en casa. Es la acción que somete al maltrato, la presión, el sufrimiento y la manipulación, y tiene que ver con el abuso de poder de parte de un miembro de la familia sobre otro. Es una violencia que no se ve”, agrega.
Sostiene que ésta se manifiesta físicamente a través de golpes, pellizcos, jalones de oreja y muchas otras formas, hasta el uso de objetos contundentes. Una vez que se inicia, se incrementa y se mantiene; llega para quedarse. También, la violencia puede ser psicológica, que se manifiesta por medio de gritos, insultos, chantajes, amenazas y comparaciones, que dañan la autoestima y humillan.
En nuestra convivencia, el conflicto entre cuidado y violencia está latente y, muchas veces, se presenta cuando disciplinamos a nuestras hijas e hijos.
En esta cuarentena, de las 3.414 denuncias presentadas ante dependencias policiales, la violencia intrafamiliar o doméstica representa un abrumador 84%, mientras que los delitos de naturaleza sexual llegan al 14%. “Son datos escalofriantes”, afirma.
Educación con amor
En criterio de Dávila la apuesta por la disciplina positiva es la alternativa para buscar la posibilidad de erradicar la violencia dentro de casa, porque hay factores que están fuera de nuestro control como las drogas, el alcohol o las consecuencias de un entorno que normaliza la violencia. Sin embargo, podemos reducirla y manejarla.
“Existen tensiones en el hogar innegables, que hacen que reaccionemos de mala manera, porque no nos obedecen, nos provocan y nos hacen renegar. Estas situaciones, sumadas al estrés, hace que grites, amenaces, pegues, insultes, critiques y regañes. Es necesario controlar estas emociones y solo depende de ti. Significa conectarme con mi cerebro emocional, que responde impulsivamente y tranquilizarme. Ojo con el aucontrol y la autoregulación”, afirma.
La disciplina positiva es una manera de pensar y sentir, no es una fórmula o una receta que delinea acciones. Utiliza el amor como base de la educación. Es una forma no violenta enfocada al respeto mutuo y reconoce a niñas y niños como individuos con derechos que se deben respetar. Es una solución, a largo plazo, que busca su autodisciplina, para su desarrollo saludable. Ayuda justamente a controlarnos y manejar las situaciones de conflicto. (sembramos para cosechar).
Luego agrega que hay necesidad de subrayar que la disciplina positiva no es una disciplina permisiva, aquella que todo lo permite.
“Educar con amor es una apuesta para luchar contra el conflicto ¿Qué hacemos cuando nos enfrentamos a un problema con nuestras hijas e hijos? Berrinches, llantos, no nos hacen caso, no cumplen las reglas, no cumplen los horarios ¿Cómo reaccionamos y cómo controlamos esas reacciones? Quizás, recurrimos al castigo, que elimina un comportamiento no deseado por corto tiempo”, sostiene.
Sin embargo, educar con amor tiene que ver con el ejemplo que damos, con el futuro que queremos para nuestros hijos, con las reglas consensuadas y con su cumplimiento. Definitivamente, enfrentar estas situaciones es un proceso de aprendizaje, agrega.
*Licenciado en Comunicación Social en la Universidad Católica Boliviana, Magister en Comunicación y Desarrollo en la Universidad Andina Simón Bolívar, Especialista en Formación a Formadores y en Educación a Distancia en la Universidad Nacional de Educación a Distancia.
Foto: Liderazgo de Mujer


