“Hemos transformado vidas. Hemos sido agentes de cambio”

by Liderazgo de Mujer

En Quibdó, Departamento del Chocó, Colombia, un grupo de mujeres se reúne en un círculo para realizar una danza tradicional de mujeres de la comunidad indígena emberá dobidá. Sus vestimentas y pañuelos son coloridos, sus movimientos alegres y sus espíritus fuertes. Las une el común denominador de lucha y fortaleza. Debido a las décadas de conflictos armados en Colombia se vieron obligadas a abandonar sus hogares y ahora tratan de zurcir las rasgaduras en los tejidos sociales de sus comunidades.

En el Chocó y en todo el mundo, las mujeres desempeñan papeles clave como líderes e integrantes del equipo de respuesta inicial ante las situaciones de crisis y en la etapa subsiguiente de recuperación. Transforman y salvan vidas, a menudo, con escasos recursos y en los lugares más inaccesibles.

Las mujeres y las niñas también tienen necesidades y vulnerabilidades únicas en las situaciones de crisis. Se ven afectadas de manera negativa y desproporcionada por los desastres y los conflictos, que repercuten en la esperanza de vida, la educación, la salud materna, los medios de vida, la nutrición, así como por el grado de violencia que sufren.

A pesar de las desigualdades, los programas humanitarios dirigidos a las mujeres y a las niñas reciben mucho menos financiación que las iniciativas de respuestas generales, de acuerdo con un informe reciente de ONU Mujeres y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA). En el informe se indica que no sólo se solicitan menos fondos para atender las necesidades y las problemáticas específicas que tienen las mujeres y las niñas, sino que los fondos que se asignan en comparación con el importe que se solicita pueden oscilar entre el 31 % y el 33 % en el caso de la programación sobre violencia de género, el 42 % si se trata de salud reproductiva y el 50 % si tiene que ver con la protección infantil.

Además, se sigue registrando una falta importante de financiamiento en las organizaciones de mujeres locales que se ocupan de dar respuestas a las crisis.

En un proyecto de investigación de ONU Mujeres que financió el Gobierno de los Estados Unidos —denominado “Who Holds the Microphone” (¿Quién sostiene al micrófono?)—, se trabajó con organizaciones de mujeres y mujeres locales que habían sido afectadas por las crisis en Bangladesh, Colombia, Jordania y Uganda para crear videos participativos en los que compartieron sus iniciativas y prioridades.

“Aquí en el territorio, hay organizaciones de mujeres que han estado durante más de 22 años resistiendo al desplazamiento y, aun así, nos hemos podido organizar y ser parte de muchas escuelas formativas y de incidencia política”, sostiene Damaris Palacios, una de las mujeres líderes de la comunidad del Chocó que participó en la mesa redonda sobre mujeres, paz y seguridad del departamento y habló de su experiencia en un video participativo.

A lo largo de los años, su organización ha ofrecido capacitación para poder ayudar a otras mujeres y a los jóvenes de la región, aunque aclara que la falta de fondos les ha impedido avanzar. “Ni siquiera contamos con una casa de paso o una oficina donde las mujeres puedan consultarnos”, se lamenta.

Para poder llegar a las mujeres, Palacios y sus compañeras visitan los hogares de su comunidad, dictan talleres, ofrecen programas y actividades de formación para que las mujeres puedan conocer sus derechos y aprendan a valorar su trabajo.

“Hemos transformado vidas. Hemos sido agentes de cambio. Hemos ido puerta por puerta, a las comunidades y a las zonas urbanas, y nos dimos cuenta de cuánto nos necesitaban estas mujeres”, afirma Palacios.

En un contexto de crisis, la asistencia que brindan las organizaciones de mujeres locales como la de Palacios es fundamental. Estas organizaciones ayudan a las comunidades a resistir a las crisis y a sobrellevar las dificultades, a recuperarse y ganar resiliencia, aunque no gozan del reconocimiento que se merecen ni reciben fondos suficientes.

“Además, debido a sus años de sabiduría local y profundo conocimiento cultural, a menudo se les pide que trabajen en zonas remotas e inhóspitas. No obstante, no se suele reconocer su experiencia, ni son tenidas en cuenta durante los procesos de diseño, ejecución, supervisión y evaluación de los programas”, asevera María Fernanda Novelo Duarte, Analista de Investigación de ONU Mujeres.

“Mientras el mundo lucha contra los efectos sin precedentes de la pandemia de COVID-19, entre los que se encuentran nuevos obstáculos que impiden que las mujeres y las niñas reciban los servicios humanitarios, el deterioro de los medios de vida de las mujeres y el aumento de la violencia de género, el trabajo de las organizaciones de mujeres locales en contextos humanitarios se ha tornado más difícil aún debido al aislamiento, la cuarentena y las restricciones a la circulación. Se ha hecho más urgente la necesidad de prestar un apoyo deliberado y creciente a su liderazgo en la acción humanitaria”, añade.

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